“Para el honor de Su Gloria”
En 1972, inspirado por el visionario Haroldo Stacey, y a pesar de categorizarlo como “demasiado grande y lejano”, Jean André acordó un acuerdo de compra por un terreno de 74 hectáreas situados a unos 45 kilómetros del centro de Buenos Aires. Fue escriturado a nombre de Fundación Los Sembradores, fundación bajo el control de la familia André en Buenos Aires.
Originalmente situado en un área completamente rural, fue alcanzado en un extremo por la creciente expansión urbana. Cinco de las 74 hectáreas que rodean un maravilloso chalet de estilo ingles, fueron diagramadas por el conocido paisajista Thays décadas anteriores (el Señor prepara sus trabajos por adelantado). El resto era principalmente tierras bajas sin desarrollo.
Desde el comienzo, se llamó “ El Sembrador ”, juego de palabras que unió el evangelio con las actividades comerciales del grupo André en Argentina.
Luego de un intento inicial que no prospero, Haroldo Stacey animó en 1973 un grupo internacional de jóvenes líderes, que comenzaban a trabajar en zona norte de Buenos Aires, a que desarrollar el ministerio del Parque. Según la voluntad de Jean André y Haroldo Stacy, debería dedicarse principalmente a actividades con niños y jóvenes.
Entonces, en 1972, un grupo de diferentes iglesias comenzó organizando campamentos de jóvenes en el Chalet, con bendecidas respuestas. Las actividades crecieron rápidamente y durante 1974 se hizo evidente que una dirección a tiempo completo era necesaria para fomentar el crecimiento. Contando con un grupo de 25 “amigos de Máximo Paz”, que contribuían una suma mensual, fue posible invitar a Bill Kennedy a dejar su carrera en Ford Motors Co, por este desafío.
Él y su familia dedicaron su camisa y su capa. Fueron épocas de ruedas cuadradas: cada pequeño paso requería enormes esfuerzos personales. La frase de Efesios “para el honor de Su Gloria” fue la luz que inspiraba a avanzar.
La ayuda de Jean André y su familia no se limitó a la compra del terreno. Pabellones, piscina, kiosco, todos fueron construidos con su ayuda. Los trabajos de dirección y administración, el equipamiento, desarrollo del parque, se han ido financiando con trabajo voluntario y contribuciones locales hasta llegar a ser autosuficiente.
El ministerio creció rápidamente, por lo que a poco de su inauguración, los edificios tuvieron ocupación completa los fines de semana y épocas de vacaciones. El Señor confirmó la visión de trabajo por y junto a la iglesia local y no competiendo con la misma. ¡Funcionó!. Por sobretodo, el Parque se convirtió en lugar de reunión, trajo a luz el ensamblar esfuerzos, las barreras denominacionales fueron cayendo.
Ha sido siempre un trabajo en equipo, que derivó en un Consejo responsable del ministerio, bajo el paraguas legal de la Fundación Evangélica Argentina. El Consejo ha sido siempre altamente representativo de las iglesias. Ha sido equilibrado en temperamentos, (con empresarios, pastores y combinaciones de ambos), pero reconocemos hoy en día la necesidad de presencia femenina y un renuevo por participantes más jóvenes.

